Gino Pauselli 

Licenciado em Relações Internacionais pela Universidad de San Andrés e mestrando em Estudos Internacionais na Universidad Torcuato di Tella. Assistente de docência e pesquisa na Universidad de San Andrés e Assistente Acadêmico no Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. 

Artigo publicado em Foreign Affairs Latinoamerica, 23/11/2015

 

En 22 noviembre se eligió al presidente argentino que asumirá su cargo el próximo 10 de diciembre de 2015. En la segunda vuelta electoral, el candidato de la coalición Cambiemos, Mauricio Macri, obtuvó el 51.4% de los votos frente al 48.6% obtenido por Daniel Scioli del oficialista Frente para la Victoria. El resultado de las elecciones significa un cambio importante en la vida política de país, no solo porque el oficialismo, que llevaba 12 años en el poder, perdió en las urnas, sino porque lo hizo frente a una coalición conformada, en su mayoría, por una nueva generación política. Además, la presidencia de Macri significará la incorporación de algunos nuevos −y otros no tan nuevos− elementos a la inserción internacional del país. Acostumbrados los argentinos a que cada nuevo gobierno reoriente la política exterior, la gestión de Cambiemos parece que generará modificaciones en la forma en que Argentina se relaciona con otros países, a la vez que dará continuidad a ciertas políticas.

En los últimos 12 años, la política exterior argentina se caracterizó por la búsqueda de mayor autonomía y la lectura de un mundo que se encaminaba al multipolarismo con el surgimiento de las potencias emergentes como China y la India, junto con el resurgimiento de Rusia. A su vez, la política exterior tuvo un fuerte componente de uso interno en lo referente al enfrentamiento discursivo con Estados Unidos y a la sobreactuación frente a los organismos financieros internacionales. Además, la política exterior de derechos humanos que caracterizó al país desde el regreso a la democracia en 1983 fue continuada con un matiz ideológico más acentuado. Como lo señaló Andrés Malamud, los principales objetivos de la política exterior durante la era de los Kirchner fueron obtener apoyo interno y financiamiento externo.

El próximo gobierno argentino se diferenciará de la política exterior de Cristina Fernández en cuatro ejes. En primer lugar, como lo afirmó Federico Merke, existirá un acercamiento con Estados Unidos. Según asesores de política exterior de Macri, la relación con Estados Unidos será pensada en términos de equilibrio y madurez, no de sometimiento. Esto, a su vez, intentará balancear la pérdida de autonomía ocasionada por la estrecha relación mantenida con China y Rusia, de acuerdo con Cambiemos. Para el nuevo gobierno, una relación constructiva con Washington balanceará la cercanía de Buenos Aires a Beijing y a Moscú experimentada en los últimos años. Pese a que esto no se dará a costa de las actuales relaciones con estos países −que se ven como benéficas en especial en términos económicos−, Argentina no debe ser excluyente y dejar de lado a otros grandes socios potenciales. Así, las relaciones internacionales son pensadas dentro de la coalición vencedora como una ventana potenciales beneficios.

En segundo lugar, la búsqueda de una mejor relación con Estados Unidos se relaciona con la necesidad estructural que tiene Argentina de encontrar una solución a controversias financieras que mantiene con los llamados “fondos buitres”, entre otros. La pérdida de reservas internacionales durante el último año ha puesto al país en una situación crítica que obliga al próximo gobierno a buscar fuentes de financiamiento internacionales. Para ello, resolver las disputas financieras se torna imperioso para estabilizar la situación económica interna, la situación financiera y el comercio exterior.

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En tercer lugar, hacia la región, tendrá su principal diferencia con la política exterior de Cristina Fernández en la relación con Venezuela, uno de los principales aliados de Argentina durante el kirchnerismo. Mauricio Macri anunció reiteradas veces que le exigiría a Nicolás Maduro la liberación de Leopoldo López. Esta asertiva política exterior frente a un régimen híbrido acusado de violaciones a los derechos humanos podría producir tensiones con otros gobiernos progresistas de Latinoamérica más alineados con Caracas. Gestionar estas potenciales tensiones será uno de los principales desafíos del próximo canciller argentino. Además, a nivel regional, la coalición de Cambiemos probablemente intente desempeñar un papel más activo en el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, aunque esta dinámica y su involucramiento no dependerá del gobierno de Macri.

Sin embargo, estas diferencias no implicarán un quiebre total con la política exterior del actual gobierno. Los equipos de relaciones internacionales de Cambiemos han afirmado que la relación con Brasil y con el Mercosur son prioritarios en la inserción internacional del país. Esta preferencia es compartida por sectores de la futura oposición y por gran parte de la opinión pública.

Por último, la cuarta diferencia que probablemente se observe a partir del 10 de diciembre en materia de política exterior se refiere a la Cancillería. El gobierno de Macri intentará impulsar reformas institucionales en el servicio exterior y en la Cancillería para dotarla de mayores elementos para la negociación internacional, despolitizarla y modernizarla. Existe la creencia de que la Cancillería como existe actualmente no tiene las herramientas para afrontar los desafíos que el país enfrenta en el siglo XXI,  donde los actores internacionales relevantes no son solamente los Estados y donde las nuevas tecnologías y la diplomacia pública juegan un papel fundamental.

Otro aspecto de la política exterior que requerirá de una pronta definición será la cuestión climática, que se terminará de negociar al momento que asuma Macri la presidencia y en donde varios actores internos han señalado que los compromisos propuestos por Argentina en París han sido poco ambiciosos. Además, la política hacia las islas Malvinas y el memorando de entendimiento con Irán que llevó a cabo el kirchnerismo han sido fuertemente criticados por los miembros de Cambiemos. Aunque sepamos que el nuevo gobierno no continuará en la misma línea que su predecesora, permanece la incógnita sobre el nuevo rumbo que tomarán.

Parece que la preferencia por el multilateralismo, la inclusión de los derechos humanos en la política exterior y la búsqueda de autonomía y equilibrios permanecerán en la política exterior argentina. Además, entender a la relación con Brasil dentro del Mercosur como uno de los elementos prioritarios en la política exterior será probablemente otra fuerte continuidad del gobierno de Macri.