The Economist describió el modelo de gobierno vigente en Lisboa desde 2015 como un «pequeño milagro en el Atlántico». En muchos lugares se lo considera un modelo brillante, que se contrapone a la crisis general de la socialdemocracia en Europa. El gobierno en minoría del Partido Socialista (PS), al mando del primer ministro António Costa, es apoyado por la izquierda radical. Desde su llegada al poder, la economía y el empleo registran buenas tasas de crecimiento, las finanzas públicas tienen un desempeño positivo y, en las encuestas, los socialistas gozan de un respaldo constante de 40%. En la Unión Europea, el experimento portugués halló inicialmente un gran escepticismo e incluso hostilidad. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la actitud ha cambiado sustancialmente para mejor. En enero de 2018, el ministro de Finanzas de Portugal fue elegido jefe del Eurogrupo.

El economista portugués Ricardo Mamede, considerado uno de los defensores más comprometidos, si bien también crítico, de la cooperación de la izquierda, presentó en diciembre un análisis muy esclarecedor del actual modelo de gobierno en la revista Manifesto. Señala, por un lado, que «el actual periodo legislativo ha tenido lugar en un momento relativamente favorable de la economía mundial, caracterizado por el crecimiento del PIB en la eurozona (destino de la mayoría de las exportaciones portuguesas) y el mantenimiento de políticas anticrisis en las principales economías del mundo. Esto ha redundado en costos de endeudamiento bajos y constantes y en la disponibilidad de financiamiento». Pero también señala la importancia de las decisiones del gobierno de PS y sus aliados en materia de política económica.

Las mejoras en las condiciones de vida que traen aparejadas la positiva situación económica y la política gubernamental han fortalecido la alianza política existente. Esto confirmó que los participantes de la primera alianza de socialistas e izquierda radical en Portugal hicieron lo correcto. Las medidas acordadas por ambos y tomadas por el gobierno, como el aumento del salario mínimo nacional y los haberes de los trabajadores y diversos beneficios sociales, están mejorando claramente las condiciones de vida de grandes sectores de la población. El alto crecimiento de la economía y del índice de empleo refuta los argumentos presentados por la oposición de derecha y los organismos internacionales en contra del curso tomado por el gobierno.

Según Mamede, la buena situación económica ayudó a enfrentar el mayor desafío político de la coalición de izquierda –aumentar los haberes de los trabajadores y los beneficios sociales (un objetivo declarado del PS y una obligación absoluta para el Partido Comunista y el bloque de izquierda)–, al tiempo que se respetan las normas presupuestarias de la UE (una obligación absoluta para el PS). Pero también señala que, a pesar del crecimiento, el problema fundamental de la disciplina presupuestaria constante ha persistido y ha sido abordado por el gobierno del PS «en gran medida a costa de recortar la inversión pública y retrasar la restauración de servicios colectivos». Esta tesis es confirmada por las numerosas noticias sobre deficiencias en el Estado de Bienestar y las huelgas en sectores públicos como la salud, la educación y la Justicia.

Además de la situación económica favorable, otra particularidad del panorama político en Portugal es la alianza de izquierda. Desde la Revolución de los Claveles en 1974, que llevó al país al fin de la guerra colonial, a la democracia y al desarrollo económico acelerado, nunca ha habido movimientos de ultraderecha, xenófobos o nacionalistas significativos. Esto tampoco cambió en las dramáticas crisis económicas de los primeros años de la democracia, cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI) intervino en el país en 1977 y 1983. Y tampoco en la crisis del euro, durante la cual la troika le impuso un programa de ajuste muy doloroso (2011-2014), hubo señales de un viraje hacia la derecha en la sociedad. Por el contrario, la manifestación de protesta más multitudinaria –por lejos– contra el gobierno de derecha de entonces y la troika, en septiembre de 2012, surgió del movimiento de trabajadores precarizados. Debió su abrumador éxito, sobre todo, a la ola de solidaridad que movilizó al país de norte a sur.

Leia mais:  Vitória do Brexit desafia integração europeia e ameaça política democrática

Mientras tanto, la oposición conservadora-liberal está en crisis. El éxito del gobierno del PS ha hecho que pierda gran parte de su credibilidad. En diciembre de 2018, las fuerzas de derecha intentaron organizar acciones al estilo de los «chalecos amarillos» franceses. En aquellas poco nutridas protestas, sin embargo, hubo más policías y periodistas que manifestantes, con lo que ese intento terminó en un fracaso lastimoso.

¿Cómo se debe entender esta inmunidad de Portugal frente a las agitaciones de la derecha? Está, por un lado, la historia del país. La dictadura de derecha, bajo la cual el país permaneció en la pobreza, el subdesarrollo y una rígida separación de clases, cuenta con un gran descrédito y no ofrece argumentos para la nostalgia. Por el contrario, el quiebre revolucionario de 1974-1975 es recordado más favorablemente, y esa es una clara ventaja para la imagen de la izquierda, especialmente la de sus exponentes más radicales. Por lo demás, la integración europea goza, desde el ingreso a la UE, de una profunda simpatía en la población debido al desarrollo notoriamente acelerado de la economía, el Estado de Bienestar y el consumo. Sin dudas, el mal desempeño de la economía dentro de la Unión Monetaria y las experiencias negativas de la crisis del euro han causado una gran desilusión. Pero no se registra ni un fuerte euroescepticismo ni una reacción nacionalista.

La existencia de un Partido Comunista ortodoxo, que conserva 8% de los votos, se cita como otro factor importante porque impide que el proletariado tradicional se vuelque a la extrema derecha. Además, Portugal es un país tradicionalmente de emigrantes y está lejos de los llamados flujos de refugiados del Mediterráneo. Por lo tanto, existe una comprensión y una compasión generalizadas frente a los migrantes y no hay motivos para avivar temores. Y, finalmente, incluso con la creación del modelo actual de gobierno, la propia izquierda se ha mostrado capaz para contrarrestar un viraje hacia la derecha.

El principal interrogante es ahora si el desarrollo económico permitirá o no la continuación de la alianza de izquierda en los próximos cuatro años. Según Mamede, el FMI, que «presenta sistemáticamente (…) los escenarios menos optimistas» para Portugal, pronostica que las tasas reales de crecimiento del PIB caerán de 2,3% en 2018 a 1,3% en 2023. «Sin embargo, de acuerdo con los mismos pronósticos, el Estado portugués podrá cumplir con las principales normas presupuestarias de la UE, mientras que el gasto primario corriente (que incluye el gasto en educación, salud y protección social) y la inversión pública superarán la tasa de inflación cada año».

Es decir que, de acuerdo con las condiciones macroeconómicas, debería ser posible continuar la cooperación de la izquierda después de las elecciones parlamentarias programadas para el 6 de octubre de 2019, siempre que, como se espera, alcance un total de entre 55% y 60% de los votos. Hasta el momento, los integrantes de la alianza no han hecho comentarios sobre el futuro de la cooperación después de las elecciones de octubre. Son posibles varios escenarios: la continuación del modelo actual de un gobierno único del PS con apoyo parlamentario del bloque de la izquierda y posiblemente también del Partido Comunista,un gobierno de coalición del PS y el bloque de la izquierda, o incluso un gobierno en minoría del PS que no forme ninguna alianza y gobierne con mayorías cambiantes.


Publicado em Nueva Sociedad, edição digital, março de 2019. Fuente: https://www.ipg-journal.de/regionen/europa/artikel/detail/erfolgreich-links-3321/. Tradução de Carlos Díaz Rocca.