El anuncio de Raúl Castro respecto de no se reelegir nuevamente en los comicios generales previstos en el año 2017 causó expectativas fuera y dentro de Cuba, tanto por las interrogantes sobre su sucesor como por los cambios que podrían sobrevenir en la denominada transición.

Los esfuerzos durante de décadas en la preparación de representantes de la “nueva” generación se habían frustrado en figuras prominentes como Carlos Lage Dávila, Felipe Pérez Roque, Carlos Valenciaga Díaz, entre otros. Sin embargo, la sustitución de José Ramón Machado Ventura como Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros por Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue el principal indicativo sobre quién sería el “sucesor” de la “generación histórica”.

Y su desempeño hasta la fecha desde su asunción el 19 de abril de 2018, primero como Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros y en la actualidad, como Presidente de la República de Cuba tras las modificaciones constitucionales, han mostrado la validez de la elección acorde a las expectativas del anterior gobierno.

Mas, ¿de cuál transición hablamos?

Para los más desavisados o para quienes toman la “continuidad” de algunos fundamentos básicos del sistema político cubano como una justificativa para mantener críticas, ataques o políticas contra el mismo, en abril del año pasado tuvo lugar una transición “generacional”.

Y es que, a pesar de un estilo de trabajo diferente de sus predecesores, Miguel Díaz-Canel Bermúdez definió desde su pose una línea de continuidad, la cual constituyó el reflejo de la centralización del poder político existente hasta esa fecha. En tal sentido, el propio texto constitucional aprobado en abril de 2019 ha asegurado –al menos durante su vigencia- la continuidad del socialismo, del Partido Comunista de Cuba (PCC) como exclusiva “fuerza ideológica dirigente”, de la inexistencia de otros partidos en la Isla, así como de las limitaciones hacia algunos derechos ciudadanos.

Por otra parte, la permanencia de Raúl Castro como Secretario del PCC hasta el año 2021, la consolidación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias como principal actor económico y la presencia de representantes de estas en importantes puestos del poder político, constituyen otros elementos indicativos sobre la denominada transición generacional en la Isla.

Mas, para comprender el alcance de esta transición retomaremos primeramente y de manera sucinta, la herencia del actual mandatario.

Cuba hacia 2018 continuaba como un país con una economía abierta, con una debilidad estructural definida por el acceso a los combustibles y una deficiente infraestructura productiva y que, a pesar de la diversificación de sus socios comerciales, económicos y financieros, fundamentalmente tras la década de los noventa, transitó de la dependencia energética soviética a la venezolana.

Si bien la segunda década del presente siglo constituyó el ápice de los logros de la política externa cubana, marcado por el “retorno” de la Isla al hemisferio y alcanzando establecer relaciones diplomáticas con los 33 estados de América Latina y el Caribe, así como con los Estados Unidos de América; en el ámbito doméstico inició un proceso de transformaciones sociales y económicas, que por primera vez en más de sesenta (60) años derivaron en modificaciones de la estructura del poder político.

No obstante, las mudanzas acontecidas en el modelo político, social y económico, así como el momento en que transcurren, indican un proceso de mayor elaboración y planificación cuyos objetivos se revisten bajo la repetida fórmula de “actualización” empleada por el gobierno de la Isla desde inicios de la presente década al discutirse y aprobarse los Lineamentos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

En primer lugar, la nueva Constitución y las esperadas y necesarias reformas electorales llegaron “desacompasadas” temporalmente con el proceso de transformaciones económicas y sociales iniciado ya hace diez años. En este desfase parece haber incidido que una de las principales pautas de la referida Carta Magna vigente desde abril del presente año referente a la descentralización del poder político, solo ha tenido lugar tras la salida de Raúl Castro como Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.

Otro punto de análisis deriva de que el proceso de redacción del Anteproyecto Constitucional fue dirigido por Raúl Castro como Secretario del Comité Central (CC) del PCC y analizado inicialmente en el Pleno del CC del PCC en reunión conjunta con el Consejo de Estado. Este hecho reafirmó la continuidad de supeditación o poder formal de la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), donde el texto solo fue analizado por los Diputados durante el Primer Período Ordinario desarrollado entre los días 18 al 21 de julio de 2018.

Por demás, el proceso de redacción del referido Anteproyecto iniciado en 2013 derivó de una indicación del Buró Político para la creación de un Grupo de Estudios sobre el impacto institucional de las medidas –emanadas de los Lineamentos- llevadas a cabo por el gobierno cubano (RESUMEN DE…, 2018); el cual y a pesar de los debates societarios sobre la necesidad de modificaciones constitucionales, el proceso resultó desconocido por los ciudadanos hasta la presentación del Anteproyecto en la Asamblea Nacional del Poder Popular.

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En la sesión de debates del Parlamento fue reconocido además, por el Secretario del Consejo de Estado Homero Acosta, que integraron este Grupo 13 personas, de ellos solo 7 Diputados. Con posterioridad, y si bien representaban ya menos del 50% del Grupo inicial, el número de Diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular se mantuvo igual, a pesar de la incorporación de otras 2 personas a la posteriormente creada Comisión de Elaboración del Anteproyecto de Constitución de la República de Cuba (RESUMEN DE…, 2018).

En segundo lugar, a pesar de la manutención de la “construcción del socialismo” y de una estructura económica doméstica lenta en sus cambios, la tentativa de eliminación del término comunismo en el Anteproyecto constitucional de 2018 mostró una perspectiva futura de los dirigentes políticos y detentores del poder económico disímil a la de un ideario colectivo, que ha tratado de proteger un pasado de avances sociales bajo el significado del mismo y su reincorporación en la nueva Carta Magna.

En tercer lugar, las Fuerzas Armadas Revolucionarias constituyen un policy-maker cuya influencia se ha extendido a la par de la ampliación de sus funciones en el ámbito doméstico, más allá de garantizar la defensa del Estado. Así, el rol económico de la institución dentro de la sociedad cubana como su influencia y participación en los órganos legislativo y ejecutivo se profundizó a partir de la década de los ochenta, de manera progresiva y consolidándose en la década de los noventa.

Cabe señalar, que en la nueva nomenclatura del Consejo de Estado elegida por el Parlamento en octubre de 2019 y prevista hasta el año 2023, los nombres de los militares fueron retirados del mismo –dígase Ramiro Valdés Menéndez, Leopoldo Cintra Frías y Guillermo García Frías-. Sin embargo, entendida como estrategia de distanciamiento de las FAR, de una nueva fase del gobierno actual o como respuesta a las continuas calificaciones de Díaz-Canel como un presidente sin poder efectivo, lo cierto es que las Fuerzas Armadas Revolucionarias retienen, además, el poder económico a través de GAESA y la centralización de los diferentes sectores relacionados con la importación, exportación, producción, servicios y comercialización tanto internacional como doméstica; mientras participan de importantes cargos en el PCC, donde se deciden las políticas de la Isla. Por demás, aún falta definir la presencia de estos en el Consejo de Ministros a ser designado en el presente mes.

En cuarto lugar, solo tras la denominada transición generacional se institucionalizó la separación de los cargos referentes al Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, efectuada en el mes de octubre de 2019. Ambos garantizaban anteriormente la centralización del poder político y de representación del Estado cubano en una persona, que además históricamente detentó el máximo cargo dentro del Partido Comunista de Cuba y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En este sentido, Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue ratificado por el Parlamento y ostenta actualmente la Presidencia de la República; mientras el Primer Ministro será designado en este mes de diciembre. Por su parte, Raúl Castro liderará el PCC al menos hasta el año 2021 asegurando la unidad y coherencia del proceso de transición y de participación de los principales actores del poder político. De este modo, al evitar la concentración de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial se establecen contrabalances y limitaciones entre los mismos, dado lo cual será la transición en la dirección del PCC lo que muestre el real alcance de las modificaciones actuales.

Finalmente, la nueva Constitución reflejó mudanzas reclamadas por el pueblo cubano, fundamentalmente en lo referente a la propiedad privada. Sin embargo, como se ha dicho mantiene los fundamentos de un sistema político que garantiza estabilidad del mismo a los intereses de sus principales actores y legitimando, a su vez nuevas condiciones de distribución de la riqueza como consecuencia de la “actualización del modelo económico”.

La actualización del modelo político y económico es imprescindible, sobre todo, como una cuestión existencial del Estado cubano y de una nueva comprensión del lugar de la Isla en un sistema internacional en transformación. Sin embargo, las características de la referida “actualización” reflejan alcances de la transición que tiene lugar hoy en Cuba, y que van más allá de los simplemente generacional.


RESUMEN DE los debates del anteproyecto de Constitución en la Asamblea Nacional de Cuba. [21 jul. 2018]. Cuba Hoy. Disponible en: YOUTUBE. Video (ca. 1:00:59). Disponible en:

https://www.youtube.com/watch?v=DVcHYYhzzTQ&t=112s. Acceso en: 21 jul. 2018.

MENGANA, Milagro. La política externa cubana hacia América Latina: continuidades y rupturas 1959-2018. Publicada en: 2019-07-30. Disponible en: <http://hdl.handle.net/11449/183309>.


 

Milagro Mengana Castañeda

Doutora em Relações Internacionais Programa de Pós-Graduação em Relações Internacionais San Tiago Dantas (UNESP – Unicamp – PUC-SP). Mestre em Relações Internacionais pelo ISRI (Cuba) e Mestre em Direito Penal pela UO (Cuba). Atuou por sete anos como professora, coordenadora e pesquisadora no curso de Licenciatura em Direito da ULT, Cuba.